A VECES, sólo a veces, le doy vueltas a cuestiones que son como el cubo de Rubik. A veces, sólo a veces, la distinción entre la verdad y la mentira se me hacen como el mismísimo y dichoso cubo. Para quienes creen en dogmas es más fácil. La verdad es siempre aquella que le han reservado los textos sagrados o las revelaciones de algún iluminado. Para los descreídos todo es más complicado de lo que parece. La realidad se nos aparece como un diamante en bruto con cientos de aristas y cuestiones a tener cuenta. Y una vez tenidas en cuenta, ¿en qué se nos queda la verdad? Muy a menudo en nada, decepcionados por creer que no hemos sido capaz de llegar a ella. Los periodistas nos cuestionamos a menudo sobre este tipo de cuestiones: ¿existe la verdad, es decir, la objetividad? ¿Debemos los periodistas buscar la verdad o permanecer equidistantes en el juego de las versiones? ¿es éticamente aceptable tomar partido, apostar por una de las versiones que nos ofrece el escenario en el que nos movemos? Todo esto me lo cuestionaba hace unos días al leer el magnífico artículo de la Defensora del Lector de un diario de tirada nacional en el que hablaba precisamente de esto. De la verdad a la que no llegamos del todo. Nunca he defendido el periodismo de versiones. El del todo vale o aquel que dice que todos tienen derecho a defender sus posiciones. Porque a menudo el más poderoso es el que está en posición de ventaja. No hacemos periodismo para contarle a los demás qué dice cada uno. Hacemos periodismo para contarle la verdad. Al menos nuestra verdad, que es como el cubo de Rubik. Una verdad, una realidad que a menudo es subjetiva, que sólo responde a nuestra manera de mirar. Una realidad difícil de atrapar. Y que a veces, sólo a veces, se nos escapa de entre los dedos.
Cómo decirte
•Marzo 27, 2009 • 2 comentariosCómo decirte… Que me has roto el corazón. Que quisiera ser Benedetti para contar lo mejor posible lo que siento. Y al fin y al cabo, somos lo que pensamos y no lo que decimos. Aprendemos a amar y a odiar en los libros que leemos, las películas que vemos, en los besos que damos. Aprendemos los besos porque los vemos. Cómo decirte ahora… El primer beso, recuerdo aquel primer beso. Tímido. En el sofá de mi casa. Donde ahora me siento con el corazón roto. Pensando sin saber qué pensar. Buscando saber qué es lo que siento. No te buscaba y te encontré. Te había visto en los bares, en la calle alguna vez. Nunca reparaste en mí. Y llegó el beso, no sé cómo decirte. Casualidades. Este es un mundo de casualidades. En el que siento que no soy nunca el que escojo, el que decido. Sólo me dejo llevar como me dejé llevar contigo. Condenado desde el primer momento. No sé cómo decírtelo ahora. Ahora que ya no es. Que ya no pasa. Neruda dijo que la primavera seguiría aunque le cortaran todas las rosas. Y quizá es el poema que buscaba. Ahí siguen mis sentimientos mientras miras a otra parte. Cómo decirte. Que me has dejado con el corazón roto. Al menos un poco.
La lluvia y la tarde
•Noviembre 22, 2008 • 4 comentariosMe quedo a esperar. Hoy decidí hacerlo. No salir por las calles desiertas mojadas aún de la lluvia que debió caer en algún momento de la tarde. Decidí ponerme a la cabeza de la manifestación. Conexiones a destiempo. Tú por tu lado, yo por el mío. Cada uno llamando al otro en un minuto diferente. Y me pregunto tantas cosas. Una ansiedad tardía, olvidada en algún momento temprano de mi vida. No sé si será hoy el día o habrá otros como dice Carlos. Pero cada vez es la vez, aunque intente pensar lo contrario. Y no sé. Sólo pienso que cuando pisé las calles hoy, aún estaban mojadas de una lluvia. Que debió caer en algún momento de la tarde.
La solución al problema
•Noviembre 20, 2008 • 2 comentarios
No siempre son necesarias las razones. Ocurre que las cosas son simplemente así. Y no hay nada a simple vista que pueda cambiarlas. Que a uno se le acaban los recursos a los que agarrarse. A veces hay razones que son más simples que el respirar. No requieren de una explicación técnica adecuada o de una terapia psicológica que las saque adelante. No siempre son necesarias las razones. Para besar, para amar o simplemente para recordar. Para pensar que las cosas fueron como fueron y que no se pueden cambiar. Es así de simple. O quizá lo suficientemente complejo como para ir más allá, como para avanzar por ese camino. Y uno busca un resquicio por el que salir sin salir lastimado. Por el que huir de la situación para no seguir pensando. A veces ocurre que no es fácil o es demasiado fácil como para creerlo, como para conformarse. Y uno no sabe cómo manejarlo. Es a veces que tú me preguntas cómo puedes hacerlo cuando no hay nada que hacer. Cuando es así. Y ya. Tan solo, supongo, esperar al paso del tiempo. A que sea verdad que lo cura todo.
Ahora
•Noviembre 4, 2008 • 17 comentarios
No paro de reír. Y estoy preocupado por mis patas de gallo. Pero no paro. Sobre todo con Carlos. Codo a codo en la rotonda. Un rato juntos. Hablando de nuestras cosas. Cosas de chicas, le digo. Risas hasta casi llorar, imginando las situaciones más absurdas. Un viaje a Nueva York con Vero e Inma para la Semana Santa de 2009, que sin duda será mejor. Ya es mejor año sin haber llegado. Volviendo a Carlos. He llegado a la conclusión de que estos meses no han sido tan malos, al final. Ahora que no lloro. Que sé lo que valgo. De que quizá el tren que se fue era yo mismo. Ahora esos meses no se llaman de otra forma. Se llaman Xerach y Carlos y se llaman Jon y Jorge, su hermano. Vero, Inma, Ayoze. Se llaman Edu que vuelve. Enrique. Javi y las modernacas. El otro Carlos también. Marián, que no cejó en el empeño. Se llaman Jose, que me llena de cultura por el messenger sin conocernos. Tenemos esa capacidad de desechar lo malo. De olvidar. De no llamar a los meses por los nombres que fueron, sino por los quedaron. Por las cosas valiosas que descubrimos en ellos y que conservamos. Como si fueran un tesoro. Llamamos a las cosas así. Por lo que nos importan. Al menos así se llamarán ahora. Mis meses del 98%, de lo ya conseguido, que dice Carlos. Ahora que ya no lloro. Ni quiero.
Qué noche la de aquel día
•Noviembre 1, 2008 • 16 comentariosSin duda fue una noche magnífica. El frío empieza a hacer aparición en esta Santa Cruz que se pone fea con la lluvia. Sin expectativas, con los chicos. Con las chicas. Ciento y la madre. La ciudad para nosotros solos. Desafiante salí a ocupar mi espacio. A mis pasos no les temblaba el pulso. Iba decidido. Repitiendo las frases que Carlos me dijo con si fuera un mantra. Qué noche la de aquel día, qué noche la de ayer. En la que pisé las calles nuevamente, para hacerlas mías, como ayer. Cuatro copas encima. La simpatía de Ayoze. Las amigas que me llamaban guapo. Qué pena, es gay. Y yo sonriente. Con la autoestima por las nubes. La Copita y el Dreams. Los Reunidos. Buena música. Y risas, muchas. Un chico que me salió al paso. Un teléfono, quería. Ojos azules. Guapo. La Copita y Gonzalo que me abraza. Me gusta lo que escribes. Te leo. Qué noche. En la que te vi y no sentí nada. En la que tus amigos y tú trataron de reírse de mí. Pero no me dolió. Estaba tan divertido. Yo siendo el mismo. En la que te vi y me diste igual. Sólo pena. Porque quizá en algún momento dejaste el buen corazón que un día tuviste. Me dio la impresión de que lo pusiste a un lado para no sufrir. Y eso sólo conduce al cretinismo. A falta de inteligencia. Y me dio pena. Pero por ti. Porque ya no sentí nada. Ni cuando tus amigos trataron de reírse de mi dolor. O me señalaban. Qué más me da. Pensé. Bastante desgracia es tratar de reír del dolor ajeno. Bastante triste. Más que mi dolor. Y sonreí enseguida. Seguro de mí. Como si no existieras. Y bailé, y sonreí y vacilé y me halagaron varias miradas directas. Y yo a lo mío. Como si nada. Y dormí tranquilo. Porque todo mis miedos se han esfumado. Y Ayoze que me animaba. Ya no existen los fantasmas que se alineaban en casa en mi contra. Y me gusta cómo soy. Porque ahora sé que he salido indemne de todo esto. Más fuerte, eso sí. Pero sin rencores, sin odios. Mi corazón sigue siendo noble. Y el tuyo no. Y eso me dio pena en aquella noche, en la mejor noche de todas.
PD: Esta entrada no es el final del blog, pero casi. Cuando empecé a escribir esto lo hice por un dolor que debía superar. Cuando hice la primera entrada, Por el principio, sabía que estas páginas tenían fecha de caducidad. No sabía cuándo iba a ocurrir, pero sabía que llegaría el momento. Afortundamente, ese momento está muy cerca. Pero ésta no será la última. Antes vendrá su correspondiente resumen. Para ponerlo todo en orden y explicarme. Y, después, me gustaría seguir escribiendo. Otro blog. Otro momento de la historia. De mi historia. El tiempo lo cura todo. Y ha curado una buena parte de mis heridas. Ya no amo a la persona a la que amé. Ya no siento nada al verle. Y eso es un paso muy importante. To be continued.
Dejo esta canción de La Casa Azul. Galletas. Las fotos que encabezan la entrada son el resultado del jugueteo con mi nueva cam, con la que estoy como un niño en el día de Reyes. Fue después de volver de la playa.
A veces
•Octubre 25, 2008 • 17 comentariosA veces ocurren estas noches raras. En las que uno se conjura para enfrentarse a sus fantasmas, a los que salen a cada paso. En los rincones más inesperados de una ciudad que me agota a medida que van pasando los días. A veces ocurre que uno no sabe qué hacer con sus fantasmas, con sus temores. Es cuando uno se cansa de repetir ante los demás. De hilar siempre con el mismo discurso. El mismo discurso que tengo en la cabeza y que no me deja dar el siguiente paso donde ya no acechen los fantasmas. A veces me siento herido y traicionado. O repetido ante los demás. Ante Carlos, ante Enrique, ante Edu. Que ya no saben cómo curarme. Aquellas cosas que te dije al oido, que te confié en aquellas noches que eran diferentes, cuando no existían los espectros. Las mismas que no supiste guardar, que te has encargado de contar sin contar conmigo. Sin pensar en que quizá no eran tus secretos, sino los míos, los que revelabas. A veces ocurre que uno pasa página y convierte en un fantasma a quien ayer era todo. Tu todo. Pasar la página y no significar nada. Ni siquiera un saludo furtivo. A veces ocurren estas cosas. Es la vida. La misma en la que me agoto sin poder entender que, quizá, lo que tanto significó, ya no supone nada. Pero lo importante no es eso. No eres tú ni tu indiferencia. Ni tu forma consciente de hacer daño. Ni siquiera que yo no acierte a saber por qué de tus pasos. El problema es que me importe. El problema son mis preguntas. Mi no saber. Por eso esta noche decidí enfrentarme a mis fantasmas. A conjurarme contra ellos. Con la cabeza alta y el jersey verde. Y aún con lágrimas en los ojos por no entender de dónde parte mi dolor inacabado.
Ja soc aqui
•Octubre 24, 2008 • 11 comentariosAgotador, intenso y divertido. Así ha sido el viaje a Barna. Las fotos de aquí arriba son testigos de la escapada. Carlos (en las imágenes, con el menda) ha sido el mejor compañero posible junto a su hermano Jorge. El viaje nos ha servido para hacernos más amigos si cabe. Me ha enseñado a apreciar su sentido del humor, su humanidad y su sentido de la solidaridad. Nos hemos reído, hemos hecho chistes malos y hasta un vecino nos cerró la persiana en las narices, por golfas. Aunque fuimos con la intención de hacernos los gafapasta, que diría Sky, la parte cultureta y modernaca se nos quedó un poco a desmano, salvo una visita privilegiada a la casa Batlló. Barcelona la nuit fue en realidad lo que mejor aprovechamos. Ligamos, comimos, bebimos, congresuamos… Y, sobre todo, lo pasamos en grande. Después de cuatro días, ya puedo decir aquello de que ja soc aqui. Y Marta que me corrija si meto la pata.
Rufus
•Octubre 12, 2008 • 21 comentarios
Magnífica canción. Un descubrimiento tardío, en cualquier caso.
Y llegó la lluvia
•Octubre 10, 2008 • 7 comentariosNo se podría calificar como el monzón que arrasa. Ni siquiera como esa lluvia que empapa sin apenas percibirla. Era algo tonto. Apenas una gota, dos. O tres. A lo sumo. No la vimos venir. Se presentó con un par de nubes negras que amenazaban nuestro verano. El final del verano. El mío, el tuyo. Lloraron un poco mojando nuestras cabezas para advetir de que algo había acabado. O que empezaba lo distinto. Fue hoy, hoy mismo. Durante la comida extraña y larga. Y llegó octubre, diez días después. Como si nada, como si tal cosa, como si no hubiera sufrido retraso alguno. Mi corazón no sabe qué debe esperar a partir de ahora. Si seguirá amenazando la lluvia nuestro verano. Si vendrá el mozón que todo lo arrasa. O si deberá conformarse con las gotas que mojan de a poco.









